Resumen

El artículo utiliza el testimonio oral de Eugenio Elorduy Walther, un opositor político en Baja California durante la segunda mitad del siglo XX, en el contexto de la hegemonía electoral del PRI para identificar la construcción de un capital político a partir de su capital simbólico, además de señalar los elementos de su identidad narrativa, los cuales revelan el habitus de los miembros del PAN. Este trabajo toma en cuenta el debate entre el testimonio oral, su subjetividad y la importancia que tienen para la investigación histórica. Entre los resultados, destaca la posibilidad de contar con la narración de un individuo cuya relevancia política, entre los años sesenta y ochenta, permite incorporar la perspectiva de un opositor en contraposición a la narrativa del PRI.

Abstract

The article uses the oral testimony of Eugenio Elorduy Walther, a political opponent in Baja California in the second half of the 20th century, in the context of the electoral hegemony of the PRI to identify the construction of a political capital from his symbolic capital, in addition to pointing out the elements of his narrative identity, which also reveal the habitus of the members of the PAN. This work takes into account the debate between oral testimony and its subjectivity and the importance they have for historical research. Among the results that can be highlighted, is the possibility of counting and eighties, allows us to incorporate the on the narration of an individual whose perspective of an opponent as opposed to political relevance, between the sixties the narrative of the PRI.

Palabras cave:
    • historia oral;
    • capital político;
    • historia social;
    • memoria colectiva;
    • filosofía de la historia.
Keywords:
    • Oral history;
    • political capital;
    • social history;
    • collective memory;
    • philosophy of history.

Introducción

El relato de vida, la narración autobiográfica y la historia de vida representan tres enfoques dentro de la historia oral. Al mismo tiempo, son un reto para los historiadores puesto que la historia se construye a partir de las experiencias humanas. Parte del debate actual en la historia y la historiografía gira en torno a las aportaciones que puede agregar la oralidad como una vía de aproximación tanto a la memoria individual como colectiva, y que luego sean tomadas en cuenta para escribir historia. Por ello, la pregunta a resolver es cómo puede ser útil la narración de un individuo para acercarnos a la historia política de una región y ser considerada por los historiadores para comprender mejor el pasado.

El presente artículo expone un estudio de caso a partir del testimonio oral que ofrece Eugenio Elorduy Walther, miembro del Partido Acción Nacional (PAN), institución a la que ingresó a finales de los años sesenta, en el contexto de la hegemonía político-electoral del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en México. Con el propósito de explicar la relevancia política de Eugenio Elorduy Walther, se ofrece a una descripción de su biografía. Nació el 21 de noviembre de 1940 en Calexico, California -ciudad fronteriza con la capital bajacaliforniana-, y es mexicano por ser hijo de padres mexicanos. En 1967 ingresó al Partido Acción Nacional (PAN) en Mexicali y desde entonces participó activamente en dicho instituto político. Su primera incursión electoral fue en 1968, siendo candidato a regidor en la planilla encabezada por Norberto Corella Gil Samaniego, el candidato panista a presidente municipal de Mexicali. En 1983 fue candidato a presidente municipal de la capital del estado y candidato a senador en 1988, acompañando en la fórmula a Salvador Rosas Magallón.

En 1989 coordinó la campaña de Ernesto Ruffo Appel a la gubernatura de Baja California, y posteriormente fue su secretario de Finanzas en el gobierno estatal. Fue presidente municipal de Mexicali entre 1995 y 1998 y gobernador entre 2001 y 2007. Además, ha sido consejero municipal, estatal y nacional de su partido. Su trayectoria permite ubicarlo como uno de los actores principales en la construcción del PAN como partido opositor en la entidad y un activo participante de la política local. Por otra parte, ha desarrollado una trayectoria empresarial a través del grupo AutoPasión, concesionaria de vehículos con presencia en la entidad desde 1959.

Se presentan segmentos de su memoria como candidato de oposición en Mexicali, en dos momentos concretos: las elecciones de junio de 1968, casi con 28 años, y en las elecciones de septiembre de 1983, poco antes de cumplir 43 años. El objetivo que se plantea es identificar las acciones llevadas a cabo por el entrevistado en la esfera pública para transformar su capital simbólico -toda vez que como miembro de la élite mexicalense reúne capital cultural, social y económico- en capital político, así como ubicar los elementos que definen su identidad narrativa como opositor y miembro del Partido Acción Nacional.

Por otra parte, el testimonio que aquí se ofrece permite conocer algunos detalles de los dos momentos seleccionados, tomando en cuenta la perspectiva de quien así “lo vivió”. Si, como sostiene Bazant (2018), “a través de la historia de un individuo, se ilumina el pasado de nuevas maneras” (p. 56), entonces la historia oral permite contar con nuevas pistas que nos facilitan los individuos para analizar y comprender una etapa de la historia política contemporánea de México.

En cuanto al contexto de finales de los años sesenta, la movilización estudiantil surgida en la Ciudad de México fue en buena medida una respuesta de la sociedad por el hartazgo en cuanto al abuso, la corrupción y la ausencia de democracia en los años del denominado nacionalismo revolucionario del PRI hegemónico, y si bien había en el país una clase media producto del crecimiento económico, también es cierto que el régimen “(…) otorgaba derechos políticos a cuentagotas y regateaba a los ciudadanos el ejercicio pleno de sus derechos” (Ugalde, 2012, pp. 26-27).

Sin embargo, poco a poco el régimen político fue perdiendo fuerza, y hacia la década de los ochenta al presidente Miguel de la Madrid le tocó lidiar, a partir de diciembre de 1982, con los resultados económicos negativos de las dos administraciones federales que le antecedieron, la de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), y José López Portillo (1976-1982). En septiembre de 1983 tuvieron lugar las elecciones en Baja California, resultando de importancia porque en ellas se puso de manifiesto el malestar social. Sobre ello abunda Schettino (2016):

Para fines de año [1982], en cambio, López Portillo deja la presidencia, la población ya no sólo está cansada, sino que empieza a considerar que la participación política puede ser una manera de evitar las crisis que, ahora se ve, ocurren cada sexenio. Así, aunque en 1968 el régimen se haya infligido el primer golpe a su legitimidad, lo que realmente inicia el cambio es el gran fracaso económico de 1982 (p. 371).

De manera muy particular, durante toda la década de los ochenta las elecciones en México fueron la vía que la sociedad utilizó para hacer patente su descontento. Si bien esto no fue exclusivo de Baja California, sí tuvo en esta entidad antecedentes desde mediados del siglo XX, sobre cómo los electores vieron en las elecciones un vehículo para participar de manera pacífica y de la participación de panistas en ese proceso, entre ellos de forma destacada el entrevistado que se analiza en este texto.

Elementos metodológicos y acercamiento al actor social

El presente artículo recurrió al testimonio oral de nuestro sujeto de estudio a través de una serie de entrevistas a profundidad, las cuales se realizaron entre abril de 2012 y mayo de 2014,1 a fin de contar con una serie de testimonios orales mediante los cuales se hiciera una reconstrucción de su trayectoria de vida. Los cuestionarios elaborados se diseñaron para conocer diversos aspectos y roles en la vida del entrevistado (Bazant, 2018), procurando una reconstrucción de su trayectoria tanto personal, familiar, política y empresarial, lo cual permitió identificar elementos de su capital social, cultural y económico.

Según Haynes (2006), hay varias maneras de usar el material biográfico de una entrevista; por ejemplo, si el escrito es un iniciador, es un coleccionista de testimonios, o es un usuario e intérprete del material expuesto. En nuestro caso, la intención es identificar e interpretar un proceso de acumulación de capital político desde la oposición.

Para el propósito de este trabajo se hizo una selección de pasajes de su testimonio centrados principalmente en su participación política como candidato en 1968 y 1983, pues esos dos momentos permiten identificar cómo procuró la construcción de capital político a partir de su capital simbólico, y que ello perfiló también su identidad narrativa como opositor. En este artículo se considera que el valor metodológico de la historia oral implica un proceso de particpación de un entrevistador y un entrevistado, esto es:

Podemos entender la historia oral como un proceso de construcción conjunta que compromete a dos personas, narrador testimonial e investigador, en un diálogo que se orienta hacia la paciente labor de producir un relato integrador que articule los significados construidos socialmente en el transcurso histórico de una comunidad cultural específica y que tiene como referente permanente los acontecimientos pasados que la primera de dichas personas recuerda (Muñoz, 2003, p. 99).

Esto cobra sentido si consideramos la apertura reciente en la historia toda vez que “los sujetos sociales objetos de investigación de la historia oral, se han pluralizado y diversificado” (Aceves, 2008, p. 13). De tal manera que permite explicar cómo el sujeto observado estuvo durante mucho tiempo en los márgenes de la política en Baja California por su condición de opositor al PRI, a pesar de contar con un capital simbólico al ser miembro de la élite empresarial y social en Baja California. Justo esta circunstancia le da relevancia y podemos contar con una perspectiva que permite explicar el escenario político en la entidad desde la pluralidad. Es decir, ser miembro de la élite no era suficiente para tener capital político, pues en la predominancia del partido único no había espacio para la competencia ni la oposición.

Marco teórico

El trabajo que se presenta en este artículo parte de la siguiente pregunta: ¿cómo puede ser útil la narración de un individuo para acercarnos a la historia política de una región? Para ello, se hace una aproximación desde el testimonio oral. Si bien la individualidad conlleva un grado de subjetividad, ésta debe ser valorada frente a la realidad y ser utilizada para escribir una historia. Asimismo, el entrevistado, independientemente de su posición social, política o económica, al compartir su experiencia de vida permite al historiador asomarse a una época determinada, y también reflexiona -al plasmar su testimonio-, su relación personal con su propia cultura y su lugar en la historia, tal como lo afirma Márquez (1987, p. 58). En ese sentido, el historiador tiene frente a sí el reto de entresacar del testimonio los rastros de verdad que le permitan reconstruir los hechos históricos y presentar una realidad concreta. Ahora bien, un testimonio no se puede tomar como una verdad incuestionable, pues según Mudrovcic (2005 p. 88), ya que el historiador no puede mantenerse lejano al principio de realidad que define a su disciplina, y está obligado a presentar argumentos para mantener los límites entre la historia y la literatura.

Hay que preguntarse qué aportan los estudios cualitativos y biográficos para la historia. De entrada, se puede subrayar lo que Aceves Lozano sostiene cuando afirma que la historia oral ha sido útil para enriquecer las fuentes por “(…) su actividad de indagación, la capacidad reflexiva en su quehacer y su contribución a la interpretación y explicación del mundo contemporáneo” (2008, p. 11). En este mismo tenor, Meyer (2018, p. 261) sostiene que “la memoria no debe confundirse, menos aún tratar de identificarse con la verdad, aunque la rigen dos premisas: credibilidad y crisis”. Esto es, que un testimonio oral es una de las muchas fichas que un historiador puede utilizar para interpretar y explicar el pasado. Estas ideas necesariamente conducen al debate en torno a la objetividad de los textos surgidos de las entrevistas a profundidad. Sobre ello Jenkins (2006) afirma que escribir es resultado de valorar una descripción sobre otra. Para este autor, quien pretenda escribir un texto que cumpla con las características de objetividad y neutralidad, no puede ser ingenuo, pues elegir una descripción implica seleccionar una sobre cualquier otra; en consecuencia, lanza un desafío, por lo que su “objetividad es espuria” (p. 11). Esto sugiere tomar con cautela la subjetividad del testimonio, pero sin descalificarlo a priori.

A pesar de ello, el historiador debe procurar los elementos que dan sentido al relato del entrevistado, y a partir de ello construir una narrativa definida por significantes claves que permitan entender cada época en la vida del testimonio (Panaia, 2004, p. 62), todo ello con el fin de encontrar un sentido de conexión con la realidad. La construcción del sentido al momento de escribir una historia requiere no perder de vista el rol que el tiempo juega, pues facilita identificar cuáles son las similitudes entre la historia personal y la historia social, y que exista claridad en la explicación. Este proceso tiene en el tiempo social un factor fundamental. Acerca de esto, Martha Panaia (2004), citando a Godard, sugiere que se deben establecer montajes temporales, a fin de identificar y encontrar los elementos similares entre la historia personal (es decir, del entrevistado) y la historia social (p. 94).

Asimismo, uno de los obstáculos que enfrenta la oralidad es el de su autenticidad: ¿puede un testimonio oral ser fuente legítima para escribir historia? La subjetividad del individuo no es impedimento suficiente para la comprensión de un momento histórico determinado, ya que el historiador al tiempo de escribir, debe tomar en cuenta todos los rastros o vestigios que encuentra a su paso.

En torno a la discusión sobre qué tanto desde la oralidad se puede recuperar el sentido de una realidad pasada, es necesario pensar también acerca del orden de la narración. Al respecto, Gunn sostiene que “es el historiador el que impone sobre el pasado un orden narrativo y, en ese sentido “hace historia” (2011, p. 49)”; es decir, el testimonio que rescata el historiador luego es transformado en una narración de tipo biográfico que adquiere un sentido de realidad; justo en torno a ello, De Certeau afirma que es el propio relato, al contar lo que pasa, quien establece lo real:

“[…] en la medida en la cual se da como la representación de una realidad (pasada). La puesta en escena de una realidad (pasada). El relato extrae su autoridad de hacerse pasar por el testigo de lo que es, o de lo que fue. (…) Sin embargo lo “real” representado no corresponde con lo real que determina su producción. Oculta, detrás de la figuración de un pasado, el presente que lo organiza. (…) La operación en cuestión parece bastante astuta: el discurso se vuelve creíble en nombre de la realidad que ha supuesto representar, pero esta apariencia autorizada sirve precisamente para camuflar la práctica que lo determina realmente (De Certeau, 2011, p. 4).

Por otra parte, el análisis de las entrevistas permite al historiador integrar una narrativa biográfica por bloques con un sentido de secuencia lógica, de ahí que “el relato histórico oral se compone de secuencias específicas de acontecimientos ya sucedidos, que emergen narrativamente al ser suscitados por los tópicos de la entrevista” (Muñoz, 2003, p. 100). Es decir, al conjuntar las pistas que encuentra durante la indagatoria, el historiador construye un discurso histórico que tenga sentido en el contexto en el que escribe.

Hay en torno a la narrativa y la oralidad una discusión de su valor como elementos válidos para escribir historia. En el centro de dicho debate está el saber qué tanto la narración puede socavar la búsqueda de lo científico, lo objetivo y racional. La construcción de un relato definido por secuencias lógicas se enfrenta a los cuestionamientos del carácter científico, objetivo y racional. Sobre la frontera entre la historia y la ficción, Mudrovcic (2005) dice que:

Es casi unánime el recelo que ha despertado en la comunidad de historiadores y entre algunos teóricos de la historia el debate producido -en las últimas décadas- acerca del estatuto narrativo de la historia. Las quejas más comunes contra aquellos que pretenden rescatar el valor de la narrativa se refieren a la amenazada que ésta supone para una disciplina que aspire a la categoría de ciencia. Para algunos, las pretensiones de cientificidad, objetividad y racionalidad de la historia se verían amenazadas por esta creciente tendencia a enfatizar el carácter poético-literario de la producción historiográfica, dado que tornaría borrosos los límites entre “historia” y “ficción” (p. 88).

Con respecto al proceso de reconstrucción autobiográfica que establece el entrevistado con su relato, Márquez (1987) sostiene que aquella consiste en una recolección de la vida de una persona y agrega que cuando un autor conecta su historia personal a una experiencia histórica más amplia provoca que una historia individual se transforme en una “narrativa cultural” (p. 59). Cabe señalar que esta conversión vuelve a la autobiografía comprensible para el resto de las personas. Ahora bien, el valor del testimonio para la investigación histórica se materializa en la narración, y un narrador hace tangible la reconstrucción de sus experiencias una vez que busca las palabras necesarias y adecuadas para facilitar el entendimiento de lo real, según afirma Panaia (2004, p. 61), esto es: las palabras, al decirse, permiten conservar la experiencia.

Es necesario agregar que la oralidad permite hacer un acercamiento desde la perspectiva individual a un contexto determinado, el cual contribuye a elaborar una intepretación más amplia. Dicho proceso se genera en la narración autobiográfica, y es eminentemente individual en primera instancia, por lo que ofrece un testimonio que se construye mediante un discurso. Brunner (1993) sugiere que lo autobiográfico implica un discurso del testigo, el relato de lo sucedido cuando uno participó como observador. Es decir, más que un debate sobre la objetividad, habría que discutir acerca de los elementos que el relato ofrece sobre el contexto que se estudia, pues un elemento indispensable del testimonio es la cultura en la que participa, pues ésta “(…) nos proporciona en cada momento los recursos simbólicos necesarios para hacer de nuestras vivencias una experiencia inteligible” (Muñoz, 2003, p. 96).

Sobre la discusión acerca de la verdad, Mudrovcic (2005) afirma que la historia oral, la cual puede definirse como interpretativa, se orienta a entender de qué manera los sujetos sociales hacen una representación del tiempo histórico en sus testimonios. Le toca al historiador hacer la labor de interpretación de lo dicho por su entrevistado y hacer las preguntas correctas para encontrar las certezas en la narración. La historia adquiere entonces un sentido más social en las memorias individuales, y éstas ya no están en disputa con la memoria colectiva, sino que se complementan.

Los testimonios orales permiten al entrevistado hacer un recuento, un esfuerzo memorístico a fin de explorar en su pasado, y elabora una visión del mismo. Cabe subrayar que la individualidad se ve influida por el contexto en el que se participa y de los individuos o grupos con los cuales el entrevistado estuvo en contacto, es decir, con quienes comparte un pasado común con determinadas experiencias. Esto produce que los recuerdos del entrevistado estén mediados por el contexto en el que participó:

En definitiva, lo que recordamos depende de los contextos en los que nos encontramos y de los grupos con los que nos relacionamos. Desde esta perspectiva, el recuerdo es menos un medio de acceso a lo real pasado que un fin para explorar en su misma superficie los conflictos públicos y privados acerca de cómo debe ser recordado y transmitido el pasado. Esto no significa que la fuente oral carezca de toda “referencia a la realidad” sino que se pone de relieve su aspecto como recurso interpretativo (Mudrovcic, 2005, p. 116).

Por último, la lectura de los testimonios seleccionados permite interpretar cómo el entrevistado construyó capital político a partir del capital simbólico ya acumulado, entendido “dentro de un campo concreto y en relación con los tipos de capital eficientes en él” (Fernández, 2013, p. 36). Esto permite entender su trayectoria en dos etapas: la primera como político de oposición -en la que utilizó su capital simbólico-; y la segunda, cuando dicho capital se hizo político y fue puesto en acción en la esfera pública para lograr candidaturas y, eventualmente, ganar elecciones.

Además, para los fines de este artículo, se asiste a lo que Meichsner (2007) afirma citando a Bourdieu (1981 y 1988) sobre el capital político: “el capital político es una forma particular del capital simbólico” (p. 14). Aquí también hay que incorporar al habitus como parte de las reglas de entendimiento de una trayectoria partidista.

Eugenio Elorduy desarrolló su trayectoria política en el PAN, organización política surgida en México en septiembre de 1939. Para Hernández Vicencio (2009) Acción Nacional se originó de la siguiente manera: “se formó como una organización fundamentalmente urbana y mayoritariamente de clase media, incluyendo a sus principales dirigentes, un rasgo que le daba mayor homogeneidad en el momento de la toma de decisiones” (p. 59). Continúa la autora describiendo que para Acción Nacional su principal objetivo era afianzarse como una organización que estuviera en condiciones de participar en el ámbito político-electoral y que en el largo plazo contribuyera a las condiciones de una vida democrática en México. Abunda sobre ello al señalar que Acción Nacional surgió con motivaciones distintas a otras organizaciones en la derecha y se orientó más en generar una propuesta alternativa en torno al interés general, así como las atribuciones del Estado (Hernández Vicencio, 2009).

Sobre esto mismo, Loaeza (2009, p. 171), señala que Acción Nacional es una organización que desde el inicio se decidió por participar electoralmente y lo argumenta de esta manera: “Esta contundente preferencia por la acción y por la participación política no variaría en el futuro, ni siquiera después de los innumerables sinsabores electorales y legislativos que sufriría Acción Nacional producto del despiadado monopolio del partido dominante”. Si bien el PAN surgió en Baja California a finales de la década de los cuarenta y participó en todos los procesos electorales, hacia los años sesenta todavía presentaba condiciones institucionalmente frágiles. Sirva para ilustrarlo la siguiente descripción:

La situación al interior del PAN que prevaleció hasta la década de los sesenta se había caracterizado por una escasa militancia, con liderazgos personales fuertes, con poca presencia en la comunidad, técnicas inadecuadas de reclutamiento de personal, participación en las campañas con candidatos a casi todos los puestos de elección -la mayoría con candidatos externos- sin posibilidades reales de ganar, y con recursos materiales y económicos reducidos, y cuadros municipales y estatales casi unipersonales (Álvarez, 2001, p. 21).

Resultados del relato de un opositor

Los segmentos que se seleccionaron de los testimonios se presentan en tres bloques, en todos se exponen pasajes de la participación política de Eugenio Elorduy Walther. El primero se refiere a su participación como candidato en las elecciones municipales de 1968, el segundo da cuenta de su candidatura a presidente municipal, y en el tercero se explica su iniciativa del Cabildo Popular de Mexicali.

Ser oposición política en 1968 en el norte de México

El entrevistado inició su relato con la experiencia como candidato a regidor en Mexicali en 1968, y reflexionó en torno al comportamiento de los electores durante la campaña. En este segmento se da cuenta de algunas condiciones de la época, por ejemplo, las represalias para quienes participaban en la oposición:

Los mexicalenses en corto nos recibían muy bien, pero entendíamos que en público no podían manifestarse abiertamente en favor nuestro y teníamos que respetarlos. Y era por muchas razones, una de ellas era la cláusula de exclusión sindical, la cual se aplicó a compañeros nuestros, incluso en el otorgamiento de créditos agrícolas. Por eso tenía mucho valor para nosotros si un agricultor del valle de Mexicali le entraba al PAN. Hubo casos como el de Rigoberto López Sedano, quien era locutor y había sido nuestro candidato a diputado federal en 1967, a quien al finalizar la campaña lo despidieron de su trabajo.2

En otro pasaje del testimonio, relató el entrevistado acerca de las razones que lo impulsaron a él y a otros tantos a incorporarse a la política mexicana desde la oposición. Incluso, en su caso, con la incertidumbre de su familia:

Todos coincidíamos en que entramos a esto porque íbamos a ganar. Así se lo dije a mi papá al hablar con él cuando decidí entrar al partido. Le dije: “en algún momento no tengo la menor duda de que con el PAN vamos a tener un alcalde en Mexicali, un Gobernador y un presidente de la República”. Él tenía una razonada duda al inicio, pero fue muy respetuoso de mi decisión y entendía que, ejerciendo las personas su libertad, se iba a lograr lo que la gente quería. Para mi padre, Acción Nacional no era tampoco algo lejano pues tuvo buena relación con Gómez Morín, porque eran contemporáneos en sus épocas de escolares. Además, mi tío Aquiles Elorduy, quien era casi su hermano, fue uno de los fundadores del partido a nivel nacional. Con esas personas convivía mi papá, gente brillante, que ponían siempre por delante la premisa del respeto a la libertad de las personas.3

La libertad es un concepto vital en el testimonio de Elorduy Walther y explicó en varias ocasiones a lo largo de las entrevistas que eso se debe a la formación que recibió en su familia y, por otra, la presencia de un familiar como fundador del partido. De tal manera que para él la libertad es condición necesaria tanto en lo político, para poder elegir a sus autoridades, como en lo económico, para no depender de programas gubernamentales. La narración que describe en torno a las elecciones de 1968 y 1983 permite comprender la relevancia que él le otorga a la libertad,4 sobre todo en el contexto de la hegemonía electoral del PRI.

Además, es necesario agregar que, al revisar los principios de doctrina del PAN, tanto en 1939, 1965, como en 2002, la libertad significa un pilar ideológico permanente. Por ejemplo, en el documento Principios de Doctrina del Partido Acción Nacional, de 1939, se sostiene: “la base de la estructuración política nacional ha de ser el gobierno de la ciudad, del municipio. Histórica y técnicamente la comunidad municipal es fuente y apoyo de liberta política” (PAN, 1939, p. 12). Asimismo, en la versión de dichos principios de 1965, la libertad es condición inherente a la persona, mientras que en la versión del 2002 se describe: “Como persona libre el ser humano es un sujeto ético y social, por lo tanto, responsable ante sí mismo y ante los demás” (PAN, 2002, p. 3).

En el siguiente pasaje, el entrevistado hizo referencia a cómo fue la victoria por la presidencia municipal de Mexicali. Era evidente que, en los años de la hegemonía electoral del PRI, la oposición sólo podía aspirar a participar testimonialmente en los procesos electorales. A pesar de ello, lo sucedido en 1968 en Baja California fue muestra de un descontento de los electores:

La elección por la alcaldía de Mexicali, celebrada el 2 de junio de 1968, la ganamos en las 356 casillas instaladas porque así lo vimos en los papeles, y el error del gobierno fue que nos subestimó, pues nunca pensaron que iba a suceder lo que pasó, […], leyeron muy mal el ambiente social. Nosotros, en cambio, tuvimos muchas cosas a nuestro favor. Donde había dificultades para tener la información, la gente nos hacía llegar los documentos, hubo muchas demostraciones de valor de la gente que no era panista, pero simpatizaba con lo que estábamos haciendo nosotros. Nos dimos a la tarea de concentrar los resultados en la Proconsa, que era la oficina de Norberto Corella, ahí supimos de la suma de votos y que habíamos ganado. Y lo mismo pasó en Tijuana con Luis Enrique Enciso Clark, quien ganó la elección municipal por el PAN. Teníamos los resultados completos, recuerdo recibir a las personas que nos traían los resultados, alegres y felices de la vida.

El gran problema fue que se les olvidó [al gobierno estatal] que no tenían manera de instalar un gobierno sustituto porque no estaba previsto en la Constitución estatal, y para eso no estaban preparados. Fuimos al congreso a exigir otra elección, porque no había otra opción. Ante esta circunstancia, enmendaron -en 24 horas- la constitución local, ¿qué hicieron?, los diputados locales aprobaron el cambio constitucional, todo en 25 minutos. Se anularon las elecciones, posteriormente crearon los consejos municipales que funcionaron por dos años.5

El pasaje refiere a dos momentos de gran contraste, la convicción de haber ganado las elecciones con el respaldo social, después enfrentar lo que el panismo calificó como fraude en las elecciones en Mexicali y Tijuana. Destaca la maniobra en el Congreso local para cancelar las elecciones y hacer una reforma para instaurar los consejos municipales.

Enfrentar los procesos electorales desde la oposición marcó durante décadas la participación política de los panistas, sobre todo por la hegemonía del PRI. Invariablemente el resultado era el mismo a pesar del esfuerzo que se pudiera hacer en campaña. Elorduy Walther describe el detalle de la defensa del voto y de la exigencia de limpiar el proceso electoral de 1968:

Todo lo sucedido fue un golpe impresionante, me dejó deshecho. Fue brutal el golpe en lo moral. Entonces, Norberto y otros en el grupo, comenzaron a levantar el ánimo. A partir de ese momento intensifiqué mi actividad política, y la otra parte del tiempo en el negocio. Como parte de la estrategia de defensa de los votos, hicimos un viaje a la Ciudad de México para ir a hablar con Luis Echeverría, quien en ese momento era el Secretario de Gobernación del presidente Díaz Ordaz. Nos recibió y antes de decirnos que tomáramos asiento, nos lanzó un discurso acusándonos de que éramos responsables del retraso cívico, que casi éramos traidores a la patria. Nos dijo un discurso para intimidarnos. Mientras hablaba, y al paso de los minutos, Norberto Corella decidió que nos retiráramos. Nos salimos del salón Juárez, que está dentro del edificio Bucareli, no dijimos nada y simplemente nos fuimos. Luego se hizo el esfuerzo por ver al presidente Díaz Ordaz en Palacio Nacional. Sólo llegamos con su secretario, un señor de apellido Cisneros. Esta elección fue en el contexto de la presidencia panista de Adolfo Christlieb Ibarrola, quien había logrado tener una relación de diálogo más o menos abierto con el presidente Díaz Ordaz, pero desde esos hechos la relación se volvió ríspida, se redujo a términos político-legales.6

La narración presentada da cuenta de cómo la campaña de 1968 en Mexicali fue una experiencia política que trascendió al PAN, que en aquel momento se movía más como una organización no gubernamental que como propiamente un partido, debido a su baja institucionalización en la entidad, y ello hacía dependiente de liderazgos fuertes. El relato también hace evidente la influencia de Christlieb Ibarrola, quien había llegado a la presidencia nacional del PAN a inicios de los sesenta y reafirmaba la necesidad de participar en el escenario electoral.7

Cabe señalar que “El concepto que Christlieb rechazaba una y otra vez era el del “monopolio” del PRI. Había que romperlo con un nuevo sistema electoral que posibilitara una mayor presencia opositora y nuevas prácticas parlamentarias entre la mayoría y las minorías” (Lujambio, 2009, p. 159).

Esta primera incursion política de Elorduy Walther abonó a la integración de un capital político desde un capital simbólico, que ya tenía en función de su pertenencia a la élite económica de Mexicali. Su incorporación a Acción Nacional y su candidatura en 1968 son, sin duda, los primeros pasos de la acumulación gradual de capital político a partir de la adquisición de un habitus panista. Esto es el impulso a la participación política a pesar de la hegemonía del PRI. En esta primera etapa se reafirma también su convicción de la defensa de la libertad de los individuos.

“Ahora es cuando”: La elección de presidente municipal de Mexicali en 1983

Hacia finales de los sesenta, tras lo fallido de la postura participacionista de Adolfo Christliebe Ibarrola, entonces presidente nacional del PAN, el sector abstencionista dentro Acción Nacional tomó mucha fuerza. Si bien Elorduy Walther continuó participando en política después de las elecciones de 1968, pues en la década de los setenta hubo un impasse en la actividad pública de su partido, tanto en el escenario local como nacional.

En Baja California, hacia 1973 se generó entre los panistas una seria objeción por seguir participando; para ese momento Elorduy Walther pertenecía al Comité Regional (hoy Comité Directivo Municipal), junto con Héctor Terán, Víctor Hermosillo, Salvador Rosas Magallón entre otros. Dicho comité fue destituido por el Comité Nacional al negarse a postular candidatos a diputados federales en 1973. Esto mismo se repitió en la siguiente elección presidencial, y Lujambio (2009) lo explica así: “Después de la experiencia de Christlieb, las actitudes anti-participacionistas se fortalecieron, al grado de que, en 1976, el PAN no presentó candidato a la presidencia de la República” (p. 171).

Sin embargo, para inicios de los años ochenta con la nacionalización de la banca, decretada por el entonces presidente José López Portillo, se activó un sector importante de los empresarios en México por considerar que dicha medida atentaba contra los intereses económicos del país, y se acumulaba a una serie de decisiones erróneas en la política económica desde el sexenio de Luis Echeverría. Mientras tanto en Baja California, Elorduy Walther fue uno de los panistas más activos en invitar a los empresarios a participar en política a través del PAN. Él relata los detalles de su activismo en esa época:

Entre 1981 y 1982 volví a tener la oportunidad de presidir la Coparmex en Mexicali, y esto antecedió a mi candidatura por la alcaldía de la ciudad. La situación económica del país era por demás muy complicada y delicada. Ya se había dado una crisis económica al finalizar el sexenio de Luis Echeverría y en ese momento con el presidente López Portillo ya había sucedido lo que el gobierno llamó “la nacionalización de la banca” en septiembre de 1982. Manuel Clouthier, quien era presidente del Consejo Coordinador Empresarial, convocó a las reuniones denominadas “México por la Libertad”, y en Tijuana se realizó una de sus sesiones. Había un ambiente muy complicado en esa época por todo lo ocurrido en el tema económico. Se percibía preocupación, fastidio, rechazo, enojo y molestia de parte de la población y de los empresarios.

En 1982 llegó a la Presidencia de México Miguel de la Madrid, en medio de un ambiente muy complicado. No olvidemos que los últimos tres meses de López Portillo habían sido muy difíciles porque la expropiación de la banca fue el primero de septiembre y el presidente fijó la paridad del peso a 50 pesos por dólar, pero para pagar dólares la puso a 70 por uno. Es decir, costaba más pagar dólares que comprarlos. En esos tres meses no hubo venta de dólares porque el Banco de México no los tenía. Hubo muchas decisiones erróneas, el 1 de septiembre López Portillo nombró a Carlos Tello Díaz como director del Banco, a escasos 3 meses de terminar su sexenio. En diciembre de 1982, cuando llegó el presidente De la Madrid, despidió a Tello y designó a Miguel Mancera Aguayo; vino luego la decisión de fijar la paridad a 150 pesos por dólar. Esos tres meses fueron una situación muy caótica en México, particularmente aquí en la frontera porque se tenía que comprar dólares en casas de cambio en Calexico o en San Ysidro y luego para “regularizarlos” era todo un “circo”.8

Los pasajes detallan la época del inicio del fortalecimiento de la presencia panista a partir de la crisis económica. Asimismo, hay en el partido una política de incorporación de nuevos cuadros, a fin de tener una presencia más relevante en el escenario político del país. Especialmente la llegada de empresarios al partido significó el inicio de lo que posteriormente se dio en llamar “neopanismo” y que tendría choques muy fuertes con los sectores más tradicionales al interior de la organización, y de los cuales Elorduy Walther era miembro, pero que dada su actividad empresarial tenía al mismo tiempo un carácter pragmático. Esto es un signo de la transición de su capital simbólico a político.

Baja California tenía en su calendario electoral la elección general de septiembre de 1983, en la cual se iba a elegir un gobernador, cuatro presidentes municipales y la totalidad del congreso local. Elorduy Walther relata la etapa previa al proceso electoral:

Empezó De la Madrid a tomar los hilos del poder para reordenar la economía del país porque estábamos en unas circunstancias muy complicadas. Vino también la sombra de la inflación que iba a ser muy fuerte después; en verdad que fue muy complicada esa década. Y nos llegó en ese contexto la elección estatal de 1983. Estaban en juego la gubernatura, las alcaldías y el congreso local. El PRI puso como candidato a Xicoténcatl Leyva Mortera. En el PAN elegimos [a] Héctor Terán de nuevo [como candidato a gobernador],9 y en esa ocasión yo lo acompañé como candidato a alcalde en Mexicali. Ya en la elección constitucional competí contra Francisco Santana Peralta, quien ya había sido alcalde de Mexicali entre 1977 y 1980.10

Una razón de la utilidad del relato oral para la investigación histórica es la posibilidad de obtener detalles precisos en la vida cotidiana en un campo político. En ese caso, el testimonio de Elorduy Walther facilita la identificación de detalles muy minuciosos de cómo se hacía el proselitismo panista en 1983:

La elección se programó para el 4 de septiembre de 1983. En esa ocasión decidimos que la campaña iba a ser de tiempo completo, y fue muy extensa, esa campaña duró por lo menos unos seis meses. Fue a puro golpe de talón, dado que no había apertura en los medios de comunicación y no nos dieron ninguna oportunidad, incluso aunque quisiéramos pagar por espacios de publicidad. Entonces nos fuimos a repartir volantes y calcomanías y a gastar mucha suela. Héctor Terán y yo hicimos una campaña muy intensa, de mucho contacto con la sociedad, con todo y las altas temperaturas del verano mexicalense. Fue una época donde había mucho interés público en lo que estaba sucediendo, recibimos muy buena voluntad de la gente, nos apoyaban, estaban muy dolidos por todo lo que había sucedido, obviamente a eso contribuía que ya teníamos presencia desde algunos años atrás, no éramos nuevos ni improvisados en política. Héctor Terán contaba con antecedentes amplios en la vida pública y a pesar de que yo tenía menos tiempo en estos asuntos, partimos de la premisa de que sí había ambiente propicio para darle forma y fuerza a mi candidatura por la alcaldía y a su campaña a gobernador. Nuestro lema de campaña fue: “Ahora es cuando”, con la intención de aprovechar la circunstancia, era un llamado para provocar que la sociedad nos acompañara.

La campaña inició desde febrero y nos metimos a fondo. En esa campaña anduve por todo Mexicali en un Pick up Ford negro, y estuve bien acompañado porque postulamos muy buenos candidatos a diputados locales, entre ellos estaban Edmundo Estrada, Alfredo Arenas, Rafael Morgan Álvarez y traíamos una buena planilla de regidores. No sé a quién se le ocurrió hacer la elección en 4 de septiembre, pero levantamos buen ánimo, no tuvimos problemas para conseguir los representantes de casilla. La bronca fue cuando los fuimos a registrar, porque no quisimos hacerlo con mucha anticipación, para evitar que nos hicieran alguna jugada chueca. Presentamos el miércoles antes del domingo de la elección a los representantes de casilla, se asustaron porque todos los candidatos del PAN traíamos 5, 6 u 8 representantes por cada una, para un total de 500 y tantas que iban a ser instaladas para la elección. Nos dijeron de repente que no se aceptaba el registro porque se dictó un cambio de requisitos donde se indicaba que los representantes del PAN tenían que vivir en la sección de la casilla donde iban a estar de participando. De modo que hicieron ese cambio ilegal, y aunque lo combatimos, nos dieron palo.

Y a pesar de las condiciones adversas para hacer campaña, nos dejó muchas satisfacciones. Por ejemplo, por primera vez, logramos entrar los panistas a los salones ejidales, eso fue muy interesante, y ahí hubo un punto de inflexión en lo electoral en el valle de Mexicali, pues hicimos campaña a pesar de las amenazas de Alfonso Garzón [líder agrario en el valle de Mexicali], quien dijo que nos iba a llevar al cerro del Centinela, en una absurda metáfora, como si fuera el cerro de las campanas en Querétaro.11

Una vez transcurrido el proceso electoral, Eugenio Elorduy y la estructura del PAN en el estado se concentraron en integrar las pruebas que dieran certeza de que el resultado de la elección de presidente municipal en Mexicali, la cual consideraban que era favorable a la causa panista. Además, es evidente también que en la identidad narrativa del personaje en esta época era un cambio en la estrategia. Se puede encontrar también una cierta desilusión de que una candidatura panista pudiera ganar un proceso electoral. Al mismo tiempo ya no había en nuestro sujeto observado un carácter dócil, sino de abierto enfrentamiento contra el régimen por la vía pacífica. El relato es el siguiente:

Al final de la jornada, teníamos un resultado muy favorable por cerca de 40,000 votos aquí en Mexicali, a pesar de que no teníamos todas las actas. Las urnas las guardaron en el edificio del ex ejido Coahuila que se encontraba por el bulevar Lázaro Cárdenas, enfrente de un restaurante chino que se llamaba la “Misión Dragón”;. El sitio estuvo custodiado por el ejército mexicano. Vino el cómputo ocho días después y nos enfrentamos a la sorpresa de que invalidaron 140 y tantas casillas. Manipulaban las casillas nuevas con votaciones muy curiosas, por ejemplo, con resultados de 303 votos a dos. Era evidente que manosearon los votos, pues detectamos que 72 casillas las volvieron a hacer nuevas, tan nuevas estaban que las boletas no estaban dobladas, sino bien planchadas, enteritas. Por supuesto, cosas tan extraordinarias como una votación hasta del 110% del padrón, donde resultaba que había ido más gente a votar que los registrados. Nosotros les llamábamos “las casillas suizas” porque eran una perfección. Y así fue, eso significó para mí el inicio de una lucha que nos llevó a andar en una actividad continua, sin parar, de un activismo muy intenso. Tras los resultados electorales y el cómputo de éstos, obviamente le dieron la victoria a Santana.

Ante los resultados de la elección y con el fraude tan evidente, decidimos ir a la Secretaría de Gobernación a presentar una queja, y para ello, contamos con el apoyo de Fortunato Álvarez, quien era el presidente del comité municipal del PAN en Mexicali; así como de Salvador Morales Muñoz, quien era el presidente del partido nivel estatal. Primero nos fuimos a la Ciudad de México, Héctor Terán y yo, y logramos entrar a Los Pinos, no sé cómo se descuidaron, pero logramos entrar. Nos aparecimos en la oficina del presidente Miguel De la Madrid. Me acuerdo de que Emilio Gamboa era el secretario del presidente y Javier Bernal era el secretario de Gamboa. Éste último nos atendió y nos preguntó qué hacíamos ahí, entonces le respondimos: “queremos ver al presidente y aquí nos vamos a quedar”. Discutimos aproximadamente dos horas sobre el atropello en la elección. Hasta que optamos por dejar un documento para el presidente. Luego, con el apoyo de Abel Vicencio Tovar-en aquel momento él era presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PAN-, fuimos a Gobernación. Estaba estrenadito Manuel Bartlett como secretario de Gobernación y el subsecretario era José Dávila Narro. Se acordó entre el PAN Nacional, Gobernación y nosotros, hacer el cómputo ahí mismo, en Bucareli. Por espacio de tres días se hizo el cómputo, en ello ya nos acompañaron Fortunato Álvarez y también René Corella, hermano de Norberto.

Se hizo el conteo de la votación de la elección de Mexicali, y se concentraron las fuerzas, en esa elección, de todas las que había habido aquí en Baja California. Resultó que ganábamos la elección de Mexicali con 2,000 y pico de votos. Se le presentaron los datos al secretario Manuel Bartlett y él dijo que esa era la verdad nuestra y que él “tenía otra”. Entonces se apegó a su verdad, porque la asumió como “la buena” porque era la que le servía a él y al régimen. A partir de eso ya no hubo más qué hacer, sólo esperar que esto se llevara al congreso del estado donde iban a darle validez oficial a la elección. De regreso en Mexicali, tomamos varias medidas. Entre otras cosas, fuimos y nos metimos al palacio municipal como medida de protesta y pretendimos ahí conseguir una negociación con la autoridad para que se respetara la elección, pero no logramos mucho. Decidimos retirarnos porque no pretendíamos tampoco provocar ninguna situación que resultara en violencia, y más porque hubo un momento en el que entró el ejército al lugar. También está la huelga de hambre de Rafael Morgan, para manifestarse contra el fraude. Otra medida que tomamos fue manifestarnos frente a la casa de Roberto de la Madrid. Se realizaron varias sesiones informativas con la sociedad en la calle. Había mucho ánimo de participación de parte de la gente. Incluso, el día de la toma de posesión de Francisco Santana Peralta, hicimos una manifestación callejera.

Con esta experiencia en Mexicali, así como lo sucedido en Chihuahua, Sonora y Nuevo León, se originó un cambio de táctica a mediados de esa década en el PAN con la resistencia activa, no violenta, que estuvimos promoviendo Norberto Corella y yo con el apoyo de un activista norteamericano de nombre Gene Sharp, quien fundó el Instituto Einstein de la Universidad de Harvard. Él promovía esa filosofía que fue practicada en Filipinas cuando Corazón Aquino se postuló a la presidencia en 1986.12

Si bien el relato detalla ampliamente aspectos de la participación panista en el proceso electoral, y hay una clara agenda de defensa del voto, aunque no se debe perder de vista que el recuento del pasado extraído de la memoria individual está mediado por el contexto del relator y en el caso de un actor político tiene una alta dosis de ideologización. Esto es, “la memoria es un arte cuya función, de cierta manera, es transformar la realidad en un discurso social” (Meyer, 2018, p. 270). Aquí el reto para el historiador es la confrontación de distintos relatos a fin de encontrar el sentido de verdad en la memoria colectiva.

El Cabildo Popular de Mexicali

La década de los ochenta representó para Acción Nacional una oportunidad para transitar de ser una organización testimonial en el escenario político-electoral en México a un partido competitivo frente al PRI. Ello en buena medida fue por su presencia, aunque débil, consistente desde fines de los años treinta. Lo que se ha relatado hasta ahora puede entenderse también en el contexto de una cultura política que ve en la participación electoral y política una vía para abrir al sistema político. Tras los resultados electorales de 1983 en Baja California, el PAN y Eugenio Elorduy decidieron instalar el Cabildo Popular de Mexicali, el cual se integró con él mismo, su planilla de regidores y los candidatos a diputado local por Mexicali. La intención de dicha estrategia era mantenerse en la opinión pública, y es una evidente influencia del concepto participacionista de Christlieb Ibarrola en el actuar político de Eugenio Elorduy Walther, aquí cabe destacar la conciencia histórica del entrevistado a la hora de formular la propuesta del Cabildo:

En noviembre de 1983 anunciamos la creación del Cabildo Popular de Mexicali ante la fraudulenta elección de septiembre. Esa iniciativa no fue una ocurrencia, sino que estaba yo convencido de que debíamos dar la batalla y continuar nuestro propósito. ¿Cuál? El respeto a la voluntad de la sociedad puesta en las urnas. Esta iniciativa la retomé de la historia del siglo XIX, de los tiempos en que Napoleón invadió España e impuso a su hermano José como rey y, a partir de ese hecho, las comunidades españolas crearon los cabildos populares para hacerle frente a la invasión francesa. Retomé esa experiencia con apoyo de algunos amigos para idear bien la estrategia y, sobre todo, para no caer en la ilegalidad. Además, debíamos tener mucho cuidado con la actitud del recién electo gobernador Xicoténcatl Leyva Mortera y su asesor, y brazo derecho, el Dr. Morales, pues demostraban mucha agresión contra los panistas, hasta amenazante en algunos momentos. Los dos mantenían en sus discursos un tono muy provocador basado supuestamente en el nacionalismo revolucionario y donde los panistas éramos unos reaccionarios que obstruíamos el avance del Estado.

Cuando ya iniciamos las actividades del Cabildo Popular de Mexicali el primero de diciembre de 1983 generamos mucha curiosidad en el país, recibimos la visita de mucha gente del PAN para ver lo que estábamos haciendo. No era nada sencillo lo que estábamos proponiendo, se trataba de darle a la gente un espacio donde se sintiera escuchada. Y no sólo eso, buscábamos con el cabildo darle a la población una representación en la gestoría de asuntos de su interés, situaciones que les afectaban en sus comunidades como el alumbrado público, el predial, la inseguridad, la falta de presencia de patrullas, la construcción de canchas, etc. Nuestro trabajo consistía en acompañar a la ciudadanía en la gestión y seguimiento de estos temas ante las autoridades. Queríamos demostrar que aun cuando no éramos un gobierno municipal en términos legales, podíamos apoyar a la gente. Por ejemplo, donde no había recolección de basura realizábamos brigadas y contratábamos camiones para ello. Empezamos a aparecer en todo el municipio, no sólo en la ciudad, sino en el valle y en San Felipe, estuvimos en todos los rincones de Mexicali. Estas acciones le dieron mucha vitalidad al partido, pues tradicionalmente su presencia se limitaba sólo a los tiempos electorales y a los tiempos inmediatos posteriores, pero no había una actividad pública presente en las calles como la que empezamos a hacer a través del Cabildo. Teníamos nuestras reuniones mensuales y ahí participábamos y movíamos las sesiones a diferentes partes del municipio, pero teníamos cuidado de no caer en ninguna ilegalidad, no queríamos que el gobierno nos tachara de agitadores y darle motivos para desprestigiarnos o reprimirnos.13

La experiencia de la elección de 1983 generó en Elorduy Walther un alto reconocimiento social, lo que significaba la acumulación de un capital simbólico que con el paso del tiempo sería capital político. Los segmentos también representan a un individuo que está en medio de una disyuntiva entre continuar su labor empresarial o continuar en la actividad política. En su decisión es clara la influencia de la búsqueda de la libertad:

Para esa época le metí más tiempo a lo político y tenía mucho cuidado con las empresas porque teníamos un problema económico a nivel nacional muy serio, no olvidemos el golpe tan fuerte en la economía en 1982, y la verdad es que la situación no volvió [a] ordenarse bien sino hasta el año 1990, entonces había que estar muy pendientes del negocio. En el caso de los comercios fronterizos, como se adquirían importantes deudas en dólares, con las devaluaciones había que ver cómo negociar esas deudas.

Todo eso me hacía pensar mucho acerca de lo que estaba haciendo en el PAN porque siempre me hacía preguntas diversas. Por ejemplo, muy seguido pensaba “¿qué tanto más puedo hacer, dejando de tener una actividad empresarial, para ver si con la actividad política logro evitar que sucedan estas cosas por los robos electorales?”. Sólo hay que imaginar cuánta gente sufrió por las decisiones del gobierno en la economía, no solamente en el año 76, sino en 82, 85, 88, el 94. ¿Cuánta gente no perdió su casa, su carro? Durante esos años la gente vio cómo las malas decisiones golpeaban su economía personal y familiar, fui testigo de situaciones muy dramáticas, sobre todo entre 1994 y 1995, cuando muchos mexicalenses perdieron sus casas y tuvieron que abandonarlas. Esto me tocó verlo muy de cerca cuando fui alcalde de la ciudad por esos años.

Entonces me preguntaba: “¿Qué hacemos? ¿Nos quedamos aquí en la empresa o le seguimos acá en la actividad pública?”. Esto lo miraba desde las crisis de los años setenta, todo eso impulsó mi decisión de participar en 1983, teníamos que mejorar nuestra estrategia, no podíamos seguir sin tener una actividad más presente. Por esas razones también surgió la iniciativa del Cabildo Popular de Mexicali. Toda la lucha cívica y la insistencia para mejorar las circunstancias del país en la década de los ochenta fueron el prólogo para lo que vimos en 1989 en Baja California. Y en ello muchos empresarios jugamos un rol muy importante, pues no sólo teníamos una preocupación legítima por el país dada la afectación a la actividad económica, sino porque también eso nos impactaba a nivel personal y era indispensable participar e involucrarse. No había manera de mantenerse ajeno. Al menos en mi caso, mi formación personal y académica me dictaban que debía participar para cambiar las cosas.14

Conclusiones

Para los historiadores la oralidad significa un reto metodológico, así como una fuente de consulta, no sólo porque se trata de hacer una interpretación a partir de la memoria individual expuesta, sino porque también implica pensar de otra manera a los testimonios para incorporarlos como una fuente válida para la indagatoria. Además, la subjetividad del testimonio lleva al historiador a la búsqueda de la precisión del dato y a interpretarlos respetando su sentido de realidad. Asimismo, hay que señalar que el testimonio por sí solo no hace aportaciones, sino que debe ser analizado y cuestionado por el historiador.

En el caso de este artículo se recurrió a la trayectoria pública de un opositor al PRI en México entre la década de los sesenta y ochenta. De tal manera que para entender su testimonio es necesario saber qué significaba ser oposición y cómo se traducía en capital político en la etapa de mayor predominio electoral del PRI. Sin lugar a duda, el reto es incoporar a la comprensión de esta etapa en la historia mexicana desde la experiencia de la opositora y, por tanto, trabajar en la construcción de narrativas adicionales construidas desde las memorias individuales y colectivas.

Cabe aclarar que recurrir a un individuo políticamente relevante no significa una apuesta a la vieja usanza de la historia de escribir acerca de los “grandes personajes”, sino ir a revisitar a todos los actores políticos participantes para encontrar en su experiencia de vida elementos que, en contraste con otras voces y narrativas, posibiliten hacer una mejor lectura e interpretación del pasado. Desde este punto de vista, los testimonios obtenidos vía las entrevistas a profundidad, que luego el historiador analiza e interpreta para definir la identidad narrativa del entrevistado, adquieren un valor significativo como elemento para comprender el pasado. En el caso de Eugenio Elorduy Walther, caben varias interrogantes que vuelven relevante su testimonio. Por ejemplo: ¿la insatisfacción personal induce la participación política? ¿Cuál es la relevancia de la narración de un opositor durante la época de la hegemonía del PRI?

Es evidente que la identidad narrativa a lo largo de los segmentos presentados tiene un nodo temático continuo: la construcción de una alternativa política que apuesta por la participación y la libertad para confrontar al PRI. Los segmentos seleccionados y expuestos permiten conocer razones que incitaron al entrevistado para participar en política. Y en ello vale la pena la reflexión en torno a la subjetividad como elemento de acción. Ya como panista construye un habitus retomando ideas como la libertad y la participación permanente. Es decir, la decisión de incorporarse a la actividad política es producto de cómo el personaje entrevistado reacciona ante lo que considera la realidad política que está viviendo. Cabe aquí precisar que la participación es uno de los muy distintos roles que el entrevistado menciona, y por interés del historiador se enfocaron en lo político, pero que el resto de ellos (familiar o empresarial) pueden ser parte de otra indagatoria.

En el caso de México, este aspecto se puede considerar que cobra relevancia toda vez que, al surgir la alternancia electoral, nuevos actores de oposición a nivel local también tomaron importancia y se agregan como testimonios que facilitan un mejor entendimiento del pasado. Es decir, más voces contribuyen a construir la memoria colectiva frente a la narración oficial y, por tanto, se abre el espacio no sólo para debatir acerca de la utilidad de la memoria, la oralidad y lo biográfico para la historia, sino para construir también nuevas explicaciones en torno al pasado.

No podemos negar que toda narración oral tiene un punto de vista determinado, esto implica una posición política e ideológica. En todo caso, la oralidad de los actores políticos sí posibilita entender lo que piensan sobre el pasado y el historiador colabora en el proceso de comprensión de la suma de la memoria individual a la memoria colectiva; esto sin perder de vista que un actor político se mueve a partir de su capital político acumulado y en el contexto de una cultura política determinada.

Cabe subrayar que la participación es uno de los elementos básicos en la identidad narrativa del entrevistado, pues en cada segmento presentado el elemento recurrente es la actividad en el campo político. Por supuesto, el ánimo participacionista es una clara influencia de Adolfo Christlieb Ibarrola en Elorduy Walther, y se transforma en un ingrediente esencial de su habitus panista. Además, en el caso de Eugenio Elorduy se da la conjunción tanto de capital social, cultural y económico, que en alguna medida le facilitan el camino para construir un capital simbólico pero que, en el contexto de la hegemonía electora del PRI, no fue tan sencillo que se tradujera en capital político de manera inmediata.

Finalmente, se puede afirmar que el relato permite ubicar dos momentos relevantes en la biografía política del entrevistado,, que facilitaron que su capital simbólico acumulado como miembro de la élite mexicalense, se transformara luego en capital político. El primero surge en 1968, cuando al incorporarse al PAN, Elorduy Walther hizo una apuesta para empezar a acumular capital político desde la oposición, y hacia 1983 su trayectoria en la participación pública le facilitó la acumulación y ejercicio de un capital político que, con la apertura política de finales de los ochenta y el declive gradual del PRI, le iba a permitir ganar elecciones, y en 1989 coordinar la campaña a gobernador de Baja California de Ernesto Ruffo Appel. Asimismo, dirigir sus propias candidaturas a la presidencia municipal de Mexicali y a gobernador de Baja California en 1995 y 2001, respectivamente, las cuales ganó como candidato panista.

Notas al pie:
  • 1

    Para este artículo se utilizaron las entrevistas realizadas únicamente en los meses de abril y mayo de 2012.

  • 2

    Elorduy, E. (28 de abril de 2012). Entrevista al Sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos López Ulloa y Alejandro Galván Pacheco, Mexicali, Baja California, México.

  • 3

    Elorduy, E. (28 de abril de 2012). Entrevista al Sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos López Ulloa y Alejandro Galván Pacheco, Mexicali, Baja California, México.

  • 4

    La libertad es también un elemento que puede ser útil para acercarnos a la historia político-conceptual en el norte y el noroeste de México. El presente artículo pretende abrir la discusión no sólo en torno a actores panistas, sino también entorno a actores políticos de otros partidos en la entidad.

  • 5

    Elorduy, E. (12 de mayo de 2012). Entrevista al Sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos Lopez Ulloa y Alejandro Galván Pacheco, Mexicali, Baja California, México.

  • 6

    Elorduy, E. (12 de mayo de 2012). Entrevista al Sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos López Ulloa y Alejandro Galván Pacheco, Mexicali, Baja California, México.

  • 7

    Según Lujambio (2009), para Christlieb Ibarrola la estrategia que debía seguir el PAN consistía en impulsar cambios en el marco electoral para incrementar la presencia de la oposición. Por otra parte, Christlieb sostuvo durante una buena parte de su presidencia una relación con el presidente Gustavo Díaz Ordaz a través de cartas; sin embargo, hacia 1968 dicha relación terminó precisamente tras el fraude en las elecciones locales en Baja California de ese año.

  • 8

    Elorduy, E. (12 de mayo de 2012). Entrevista al Sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos López Ulloa y Alejandro Galván Pacheco, Mexicali, Baja California, México.

  • 9

    Héctor Terán Terán fue el candidato del PAN a la gubernatura de Baja California en 1977, 1983 y 1995.

  • 10

    Elorduy, E. (19 de mayo de 2012). Entrevista al Sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos López Ulloa y Alejandro Galván Pacheco, Mexicali, Baja California, México.

  • 11

    Elorduy, E. (19 de mayo de 2012). Entrevista al Sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos López Ulloa y Alejandro Galván Pacheco, Mexicali, Baja California, México.

  • 12

    Elorduy, E. (19 de mayo de 2012). Entrevista al Sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos López Ulloa y Alejandro Galván Pacheco, Mexicali, Baja California, México.

  • 13

    Elorduy, E. (19 de mayo de 2012). Entrevista al Sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos López Ulloa y Alejandro Galván Pacheco, Mexicali, Baja California, México.

  • 14

    Elorduy, E. (19 de mayo de 2012). Entrevista al Sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos López Ulloa y Alejandro Galván Pacheco, Mexicali, Baja California, México.

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Entrevistas
  • Elorduy Walther, E. (28 de abril de 2012) Entrevista al sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos López Ulloa y Alejandro Galván Pacheco, Mexicali, Baja California, México.
  • Elorduy Walther, E. (12 de mayo de 2012) Entrevista al sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos López Ulloa y Alejandro Galván Pacheco, Mexicali, Baja California, México.
  • Elorduy Walther, E. (19 de mayo de 2012) Entrevista al sr. Eugenio Elorduy Walther/Entrevistadores: Luis Carlos López Ulloa y Alejandro Galván Pacheco , Mexicali, Baja California, México.
Historial:
  • » Recibido: 17/09/2018
  • » Aceptado: 26/01/2019
  • » : 12/04/2021» : 03/2020